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Durante años, hablar de invertir en CDMX era hablar de oportunidades. Hoy, cada vez más, es hablar de estrategia y decisiones con resultados reales y tangibles en un mercado que está en evolución constante. El mercado inmobiliario de la ciudad no se detuvo, pero sí cambió de ritmo: dejó de premiar la intuición y empezó a exigir lectura de contexto, entendimiento del producto y claridad sobre el momento del ciclo.
Ahora mismo, en 2026, ya no se trata únicamente de “invertir” o “entrar” en CDMX, sino de saber dónde, cómo y bajo qué lógica hacerlo. Porque la ciudad no está creciendo de manera uniforme: algunas zonas se consolidan como inversiones estables y líquidas, mientras que otras comienzan a reconfigurarse y merecen atención estratégica, no apuestas impulsivas.
La inversión inmobiliaria en la Ciudad de México no está viviendo un boom aislado, sino que los compradores se enfrentan ahora mismo a una reorganización urbana. La demanda se concentra cada vez más en zonas bien conectadas, con servicios, acceso a empleo y capacidad real de renta. Al mismo tiempo, la ciudad empuja hacia la verticalización, la densificación y el desarrollo de proyectos más eficientes en tamaño, operación y mantenimiento.
A esto se suman factores externos que presionan la demanda: movilidad laboral, llegada de capital extranjero, eventos internacionales, lo cual deriva en un consumidor más informado que compara, cuestiona y prioriza liquidez, por lo que el mercado se transforma, se vuelve menos emocional y más selectivo.

Hablar de plusvalía sin contexto es uno de los errores más comunes al evaluar una inversión. En 2026, la plusvalía en CDMX no se explica solo por "moda", sino por infraestructura, servicios, percepción de seguridad, conectividad y narrativa urbana. Y sobre todo, por datos verificables que separan la especulación del crecimiento real. El análisis del mercado inmobiliario entre 2023 y 2025 revela un fenómeno claro: la Ciudad de México está experimentando una reorganización de su demanda, donde zonas premium consolidadas mantienen estabilidad y precios altos, mientras colonias emergentes capturan el flujo de capital desplazado por el encarecimiento de centros tradicionales.
La plusvalía no es magia: es infraestructura + demanda + percepción. Pero tampoco es uniforme: varía drásticamente según la microzona, el tipo de producto y el momento del ciclo.
La plusvalía general en CDMX ha mantenido un crecimiento positivo del 8.9% desde 2016,, aunque el comportamiento por zona muestra asimetrías importantes. De acuerdo con datos de propiedades.com y análisis de mercado recientes:
Pero estos promedios esconden la verdadera historia: no todas las colonias crecen igual, y no todos los momentos son buenos para entrar.
Roma Norte se ha convertido en el caso de estudio más citado, y más controversial, del mercado capitalino. Los números parecen exagerados hasta que se analizan las causas estructurales detrás del crecimiento.
Según reportes de portales especializados, al cierre del tercer trimestre de 2025, Cuauhtémoc recuperó el primer lugar nacional en unidades vendidas, con un valor promedio cercano a $92,000 por m². En el caso específico de Roma Norte, fuentes del sector inmobiliario reportan crecimientos anuales que oscilan entre el 15% y el 23.5% en ciertos segmentos de "vivienda plus" durante periodos de alta demanda.
1. Demanda extranjera y rentas cortas
La llegada masiva de nómadas digitales entre 2022 y 2024 generó un aumento desproporcionado en la demanda de rentas de corto plazo. Inversionistas compraron a precios elevados calculando ROI basado en Airbnb, no en renta tradicional. Esto infló los precios de compra más allá de métricas históricas.
2. Gentrificación acelerada
El cambio de perfil de usuario; de familias tradicionales a profesionistas jóvenes con poder adquisitivo alto, lo cual reconfiguró la percepción de valor del barrio. Negocios premium, oferta gastronómica internacional y espacios de coworking consolidaron una narrativa urbana que justificó precios más altos.
3. Escasez de inventario
Roma Norte tiene protección patrimonial en gran parte de sus edificios. La oferta de vivienda nueva es estructuralmente limitada, lo que genera competencia por las pocas unidades disponibles y empuja los precios al alza.
El verdadero potencial de plusvalía en 2026 no está en Roma Norte, donde los precios ya incorporaron gran parte del crecimiento esperado, sino en colonias que experimentan transformación urbana gradual:
Zonas en desarrollo no significan "barato"; significan asimetría entre riesgo y expectativa. La apuesta no es al precio de entrada, sino a la velocidad de transformación del entorno.
Un error común es comparar la plusvalía de una colonia emergente con la de una consolidada sin considerar el punto de partida. Una colonia que crece 6% desde una base de $40,000/m² genera menos valor absoluto que una que crece 5% desde $80,000/m², pero puede ofrecer mejor relación riesgo-retorno para ciertos perfiles de inversionista.
Las zonas que mantienen crecimiento constante suelen cumplir con tres condiciones verificables:
La diferencia entre invertir en una zona consolidada y una en desarrollo no está solo en el precio, sino en el perfil del inversionista y su tolerancia al riesgo. Las zonas consolidadas funcionan mejor para quien busca estabilidad, renta constante y salida clara. Las zonas con potencial requieren paciencia, producto correcto y una lectura muy precisa del entorno.
La zona no hace la inversión. La hace el match entre zona, producto y estrategia.
Rumbo a 2026, el mercado favorece activos fáciles de operar: unidades bien ubicadas, tamaños eficientes, buena distribución y costos controlables. La verticalización, los desarrollos con servicios básicos bien resueltos y los inmuebles pensados para renta tienen mayor capacidad de rotación. Por ello el activo ganador no es el más grande; es el más fácil de rentar, mantener y vender.
Lo anterior es clave ya que una colonia atractiva no compensa un mal proyecto. Los principales riesgos siguen estando en la ejecución: problemas legales, sobreprecio por el hype, desarrollos mal planeados o una operación que erosiona el rendimiento con el tiempo.
La CDMX ya no es un mercado para improvisar. Es un mercado que distingue entre quien compra rápido y quien compra bien. Las zonas consolidadas seguirán ofreciendo estabilidad; las colonias en desarrollo exigirán análisis, paciencia y estrategia.
Invertir bien en CDMX ya no depende solo del capital disponible, sino de entender el momento del mercado, la colonia correcta y el producto adecuado. Y en esa lectura fina es donde se construyen las mejores decisiones inmobiliarias.
La diferencia entre invertir en una zona consolidada y una en desarrollo no está solo en el precio, sino en el perfil del inversionista y su tolerancia al riesgo. Pero también en el tipo de producto que se elige dentro de cada zona.
Las zonas consolidadas funcionan mejor para quien busca estabilidad, renta constante y salida clara. Son mercados donde la demanda está probada, los precios son más altos pero predecibles, y la liquidez permite moverse con mayor facilidad cuando sea necesario. El perfil del comprador es claro, la infraestructura está madura y los servicios están consolidados.
Las zonas con potencial requieren paciencia, producto correcto y una lectura muy precisa del entorno. Aquí la asimetría entre precio de entrada y narrativa futura es lo que genera oportunidad, pero también riesgo. Colonias como Doctores se perfilan con precios aún competitivos y alta demanda por ubicación central, pero exigen análisis fino de microzona, seguridad percibida y timing de entrada.
El mercado de 2026 no solo valora la ubicación y el tamaño, sino los servicios que acompañan al inmueble. Los desarrollos mejor posicionados incluyen:
Estos servicios no son lujos prescindibles: son diferenciadores que impactan directamente en la capacidad de renta y en el tiempo de rotación del inmueble.
De acuerdo con nuestro análisis de tendencias verificables en el mercado de CDMX, el producto con mayor capacidad de rotación cumple con estas características:
El activo ganador no es el más grande; es el más fácil de rentar, mantener y vender. En un mercado donde el precio promedio de renta alcanza los $17,600 pesos mensuales, con un aumento del 46% en apenas cinco años, la eficiencia operativa es lo que sostiene el rendimiento a largo plazo.
Una colonia atractiva no compensa un mal proyecto. Y en 2026, los riesgos en el mercado inmobiliario de CDMX no han disminuido; simplemente han cambiado de forma.
El marco legal del sector inmobiliario se ha endurecido considerablemente:
Los riesgos operativos más comunes incluyen:
Un inmueble mal gestionado puede destruir el retorno de inversión incluso en zonas consolidadas:
Una buena colonia no salva una mala decisión. El éxito de una inversión inmobiliaria en CDMX 2026 depende tanto de elegir bien la zona como de ejecutar correctamente el proyecto y la operación.
La Ciudad de México rumbo a 2026 no es un mercado para improvisar. Es un mercado que distingue entre quien compra rápido y quien compra bien.
Las zonas consolidadas seguirán ofreciendo estabilidad: Polanco, Bosques de Las Lomas, Santa Fe, Roma y Condesa mantienen demanda probada, liquidez alta y precios que reflejan su posicionamiento. Aquí, la inversión no promete sorpresas, pero tampoco decepciones inesperadas. El perfil del inversionista es claro: quien busca preservación de capital, renta constante y salida predecible.
Las colonias en desarrollo exigirán análisis, paciencia y estrategia: Portales, Guerrero y Doctores ofrecen asimetría entre precio de entrada y potencial futuro, pero esa asimetría viene acompañada de riesgo operativo, percepción de seguridad variable y la necesidad de leer correctamente el momento del ciclo. Aquí, la recompensa es para quien entiende el entorno, elige el producto correcto y tiene horizonte de mediano a largo plazo.
Los riesgos permanecen, pero son gestionables: Problemas legales, sobreprecio por hype, desarrollos mal planeados y operación deficiente siguen siendo las principales amenazas. Pero todas pueden mitigarse con método: asesoría legal, análisis de microzona, verificación de permisos, evaluación realista de costos operativos y, sobre todo, claridad sobre el perfil del inversionista y su horizonte de inversión.
Invertir bien en CDMX ya no depende solo del capital disponible, sino de entender el momento del mercado, la colonia correcta y el producto adecuado. Y en esa lectura fina es donde se construyen las mejores decisiones inmobiliarias.
La ciudad está cambiando. La demanda se está reorganizando. Los productos que funcionan hoy no son los mismos que funcionaban hace cinco años. Y quienes entienden esta transformación, quienes invierten con método, no con improvisación, son quienes están construyendo los portafolios más sólidos del mercado capitalino. Contáctanos y recibe acompañamiento para tu próxima gran inversión.

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